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Desiree Bolaños Jiménez
ParticipanteDesiree Bolaños 11-5
Como estudiantes de la Monseñor nos comprometemos a usar el celular con responsabilidad.
Publicaremos solo contenido real que muestre nuestra cultura y barrio.
Respetaremos la voz, la imagen y las opiniones de cada compañero.
Nuestra cámara servirá para unir a la Monse, no para hacer daño.Desiree Bolaños Jiménez
ParticipanteDesiree Bolaños 11-5
Es vital que lo hagamos nosotros porque nadie más conoce nuestra realidad como nosotros. Nosotros vivimos el día a día en la Monseñor Ramón Arcila: sabemos cómo son las clases, qué problemas hay en el barrio, qué tradiciones se mantienen vivas y qué sueños tenemos como jóvenes. Una persona de afuera puede venir, grabar 2 videos y se va, pero no entiende el fondo de las cosas.
Cuando contamos las historias nosotros, lo hacemos desde adentro, con la voz de quien las vive. No inventamos nada ni caemos en estereotipos. Mostramos la Monse real: la que hace rifas para ayudar a un compañero, la que baila salsa en descansos, la que lucha con el transporte para llegar temprano. Esa autenticidad solo la tiene quien pertenece al lugar.
Además, al documentar nosotros le metemos nuestro sentimiento y nuestra forma de ver las cosas. Podemos decir «esto me dolió», «esto me da orgullo», «así soñamos el colegio». Una persona externa no puede sentir eso porque no es su parche, no es su historia.
En conclusión: Si dejamos que otros cuenten por nosotros, van a contar lo que ellos creen que somos. Si lo hacemos nosotros, aseguramos que la memoria de la Monseñor Ramón Arcila quede guardada con respeto, con la verdad y con el orgullo de quienes la vivimos todos los días. Porque nuestra historia solo la debemos contar nosotros.
Desiree Bolaños Jiménez
ParticipanteDesiree Bolaños 11-5
Para mí la tecnología es como una calle: puede unir barrios o hacer que la gente solo mire para su lado. Depende de cómo la caminemos nosotros. Hoy el celular nos tiene conectados 24/7, pero eso no siempre significa que estemos más unidos.
Ejemplo de inclusión – Lo que nos une en Cali:
La tecnología nos junta de verdad cuando la usamos para resolver problemas del día a día. Acá en Cali se nota mucho. Por ejemplo, en los grupos de WhatsApp de los barrios como Siloé, Aguablanca o Pance: si hay un derrumbe por las lluvias en la ladera, alguien manda el video y en 5 minutos ya hay gente organizando mercado, otros avisando a la Cruz Roja y otros poniendo transporte. Nadie se queda tirado.En el colegio también pasa. Cuando dejan una exposición de sociales imposible, por los chats del salón nos mandamos audios explicándonos, nos repartimos los puntos y hasta hacemos videollamada a las 10pm para ensayar. Ahí el celular deja de ser solo para ver TikToks y se vuelve una herramienta para que el grupo pase la materia. Eso sí es comunidad, porque estamos pendientes los unos de los otros.
Ejemplo de brecha – Lo que nos divide en Cali:
El problema es cuando solo consumimos sin filtro. En TikTok y Reels se volvió tendencia burlarse de la “salsa choque”, del acento caleño, o de la gente de los barrios populares. Hay videos de humor donde imitan al “ñero” de la 7 de Agosto de forma exagerada, o trenes de baile donde si no tienes ropa de marca, no pegas.Eso dura 15 segundos, pero el algoritmo es vicioso. Entre más ves ese contenido, más te encierra. Poco a poco uno empieza a sentir pena de su salsa, de cómo habla la abuela en la galería, de los tenis que tiene. El pelado de Aguablanca se siente “menos” al lado de un influencer de Ciudad Jardín, y el de Ciudad Jardín se aleja porque “no es su parche”. Así los algoritmos nos meten en burbujas: unos solo ven lujos de Miami y otros solo ven memes de barrio. Nadie se escucha, nadie se entiende. Ahí es donde Cali se parte en pedazos.
Mi argumento final:
Entonces la tecnología no nos divide sola. Lo que nos divide es dejar que algoritmos hechos en otro país decidan qué es “ser caleño de verdad” y qué es “vergüenza”. Nos divide cuando preferimos ver la vida perfecta de un creador de contenido a escuchar las historias de salsa y resistencia que tiene nuestro propio barrio.Pero nos une cuando nosotros tomamos la cámara. Cuando usamos el celular para grabar un video de humor de la 14 sin burlarnos, para hacer un en vivo mostrando un grupo de salsa de Siloé, o para documentar cómo se vive el alumbrado del río Cali.
Conclusión: El reto de nosotros como jóvenes de Cali no es botar el celular. El reto es no dejar que el celular nos bote a nosotros. Usarlo para contar nuestra propia historia, para unir al barrio, para que la voz de la salsa, de la ladera y de la galería sea la que hable. Porque si no documentamos nosotros nuestra Cali, lo va a hacer alguien de afuera con estereotipos.
Desiree Bolaños Jiménez
ParticipanteDesiree Bolaños 11-5
-tren de baile
-video de humorEste tipo de contenido genera una doble cara en la forma en que nos juntamos como grupo. Por un lado, los bailes, la música y el humor de nuestro barrio ayudan mucho a que tengamos identidad, porque son como un espejo donde vemos la alegría, la fuerza y la creatividad de los jóvenes de acá, y eso nos deja valorar lo nuestro.Pero por otro lado, cuando vemos sin control las modas que vienen de afuera, los algoritmos que manejan otros países y vidas de Instagram que son falsas o imposibles, nos alejamos de lo que pasa en nuestro barrio. Eso hace que nos distraigamos deseando cosas lejanas, mientras se hacen virales videos que se burlan de la gente humilde. Al final se olvidan las enseñanzas de nuestros abuelos, los jóvenes se desconectan de los problemas de su cuadra y no pensamos con cabeza propia sobre nuestros talentos, nuestra cultura y lo que de verdad
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